Sin duda este fin de semana ha sido el más paranoico que hemos vivido en la Cuidad de México, tal vez al mismo nivel que la paranoia que se sintió semanas después del temblor del 85, cuando todos temíamos que volviera a temblar y cualquier leve movimiento nos espantaba, incluso todo mundo veía siempre las lámparas u objetos colgantes para identificar si había un mínimo movimiento telúrico.
Este tipo de cosas son capaces de trastornar la percepción humana sin duda, nos hace miedosos, desconfiados e incluso violentos. En las noticias de ayer, veía que los mexicanos ahora somos discriminados en varios países, como si estuviéramos infectados todos, debido a esto muchos mexicanos se quejan en la TV y la radio diciendo que el maltrato es denigrante e ignorante. Pero incluso en México, los acapulqueños ahora discriminan a los habitantes del D.F. por la misma razón. Definitivamente la discriminación, por cualquiera que sea el motivo, es una característica inherente a la raza humana.
Para sentirme ad hoc con la psicosis de la temporada, ayer vi nuevamente la película “28 days later” de Danny Boyle y quiero citar la frase que el mayor West le dice a sus hombres ante la queja de uno de ellos por añorar la normalidad:
“…en estas cuatro semanas no he visto más que hombres matando hombres; lo mismo que en las cuatro semanas anteriores. De hecho, es lo único que he visto a lo largo de mi vida, así que yo vivo en la normalidad”.
Sin problemas podemos alterar un poco esa frase y adaptarla a lo que sucede ahora:
“…en estos últimos días no hemos visto más que hombres discriminando hombres; lo mismo que en las cuatro semanas anteriores. De hecho, es lo único que hemos vistos a lo largo de la vida, así que esto es la normalidad”.
Esto mismo sucedió cuando se hizo del conocimiento público que existía un virus llamado VIH y que los homosexuales eran los portadores. La gente los discriminaba, negándoles el saludo de mano o evitando cualquier contacto. Nuevamente, esa discriminación era total y absolutamente ignorante e indignante.
Definitivamente, el gran miedo del siglo XX y con el que arrancó el siglo XXI es el miedo a las epidemias, por citar algunas, la peste negra, la influenza española, la gripe aviar, el sida, etc. Le tenemos miedo a infectarnos, aunque la verdadera pandemia es el cáncer, que no tiene cura, es difícil de detectarse tempranamente y ha cobrado muchas más vidas que cualquier otra enfermedad. La diferencia es que no sabemos porqué se provoca, suponemos que no se contagia y por ello no nos aterroriza como las otras.
Con todo esto, la gran pregunta es:
¿Somos los seres humanos los que estamos peleando por combatir los virus que nos atacan o somos nosotros la peor plaga que ha sufrido la naturaleza de la tierra y está combatiéndonos para librarse de este mal que día a día la está destruyendo? ¿Los virus a los que tememos no serán los anticuerpos del planeta?.
Los seres humanos hemos vivido en la tierra durante 5,000 años, la tierra lleva existiendo 5 millones de años, según tienen idea nuestros científicos, esto significa que la humanidad ha existido sólo el 0.1% de la vida del planeta, equivalente a sólo 10 meses en la vida de un hombre. Nosotros no somos la normalidad para la naturaleza, somos un evento temporal en la vida de la tierra y con tan poco tiempo de existencia ya la deforestamos, ensuciamos, destruimos su capa de ozono y estamos por agotar sus fuentes de agua y energía. Tal como un virus acaba en pocos días la vida de un humano.
Como dice uno de los hombres de West: Si esta epidemia logra desaparecernos del planeta, para la tierra será como volver a la normalidad y comenzar un nuevo periodo de salud . . . .

Así se veía el estacionamiento de Perisur este sábado, siendo uno de los
estacionamiento que siempre están llenísimos.

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